Nuria Calatayud

Soy Núria Calatayud, artista plástica con una trayectoria marcada por la experimentación, la curiosidad y una mirada profundamente humana. Aunque desarrollé mi carrera profesional como docente en una escuela para personas adultas, la creatividad ha estado presente en mi vida desde siempre. A los ocho años recibí mi primer premio de dibujo en Barcelona y, desde entonces, el arte ha sido un espacio constante de búsqueda y expresión.

Mi formación artística se ha construido a través de cursos nacionales e internacionales y del aprendizaje junto a distintos profesores en Catalunya, Reino Unido, Grecia y Alemania. Trabajo desde la abstracción contemporánea, explorando múltiples técnicas y lenguajes, ya que concibo la pintura como un laboratorio donde cada obra es única y nunca repetida.

Mi obra utiliza el color como herramienta de conexión emocional, energía y reflexión. No creo en un arte meramente decorativo, sino en piezas que dialogan con quien las contempla y aportan presencia, carácter y significado. Actualmente desarrollo mi proyecto desde una perspectiva profesional, combinando la venta de obra original con la proyección expositiva, con el objetivo de que cada obra encuentre a la persona con la que realmente conecte.

Pinto porque lo necesito. Porque durante muchos años la creatividad estuvo ahí, esperando su momento, y cuando volvió a aparecer lo hizo con fuerza. Mi camino no ha sido lineal: entre la ciencia, la docencia y el contacto constante con las personas, el arte fue encontrando su espacio hasta convertirse en una forma de expresión imprescindible.

En la pintura encontré libertad. Libertad para experimentar, para no repetirme, para probar técnicas distintas y dejar que cada obra tenga su propio pulso. Me interesa el color como energía, como emoción, como un lenguaje que actúa más allá de las palabras. Mis obras no buscan agradar de forma superficial ni pasar desapercibidas: buscan activar algo en quien las contempla.

Trabajo desde la abstracción porque es ahí donde siento que el espectador puede proyectarse, sentir y descubrir. Una obra mía puede aportar calma o impulso, introspección o fuerza, pero siempre propone un diálogo íntimo. No es un objeto neutro en una pared: es una presencia que acompaña, que estimula y que transforma el espacio en el que vive.

Creo profundamente que el arte tiene sentido cuando conecta con las personas. Por eso me importa quién se lleva una obra, cómo la vive y qué le despierta con el paso del tiempo. Si alguien entra en contacto con mi trabajo y siente que cada día descubre algo nuevo, entonces la obra está cumpliendo su función.

Pinto para aportar energía, emoción y humanidad. Para crear espacios donde sentirse libre, inspirado y acompañado. Y para demostrar que el arte, cuando es honesto, tiene la capacidad de cambiar la forma en que habitamos nuestra vida cotidiana.

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